Hace 20 años el mundo miraba con máxima preocupación hacia Irak, un país pequeño, pero con grandes recursos naturales, como es el petróleo.
Estos países que forman lo que llamamos Medio Oriente están configurados por realidades culturales y religiosas muy diversas que encarnan una gran historia y tradición espiritual. Ellos han cuidado y lo siguen haciendo como el máximo tesoro de sus pueblos y culturas.
La convivencia entre distintas religiones, incluso distintas sensibilidades o ramas dentro de la misma religión, como puede ser la religión islámica, supone un gran reto para la convivencia y la paz. Durante muchos años, las religiones, en ocasiones bajo gobernanzas de dictaduras, han hecho un gran esfuerzo para establecer relaciones que han garantizado la libertad de religión y la convivencia pacífica. Así lo han transmitido en muchas ocasiones personas que han vivido en aquellas tierras. La convivencia entre distintas personas y religiones…, fue posible.
Los intereses económicos y geoestratégicos, llevaron a una nación importante a invadir el pequeño país de Irak. La comunidad internacional creyó las informaciones tan alarmantes que las autoridades norteamericanas trasladaban a la opinión pública sobre todo en relación a la posesión de armas de destrucción masiva por parte del gobierno de Irak. Más tarde, después de crear un escenario bélico que llevó a la división interna del pueblo iraquí, la radicalización extrema de una parte de fanáticos religiosos, la situación generada en Irak fue trasladándose a otros países colindantes provocando, de esta manera, una enorme inestabilidad entre los pueblos.
No podemos olvidar que esta invasión, además de otros factores, ha conllevado a la pequeña comunidad cristiana a vivir permanentemente martirizada. Muchos cristianos abandonaron, hace 20 años, su país por miedo a ser secuestrados, torturados y ejecutados solamente por ser discípulos de Jesús. Los que quedaron en sus casas, muchos de ellos sufrieron el martirio, incluidos un gran número de niños. Otros, fieles a sus raíces, han permanecido custodiando el gran tesoro de la cultura y de la religión.
En esta carta saludo, quisiera recodar, una vez más, a estos hermanos nuestros cristianos que nos enseñan que la fidelidad al Señor se puede vivir, incluso, en situaciones extremas y que la fuerza de su Espíritu los acompaña y los fortalece para seguir viviendo, con esperanza, la fe en el Señor.
Después de 20 años de aquella invasión que cambió, sin duda alguna, la convivencia y la paz en Medio Oriente, resuenan con fuerza las palabras que el Papa Francisco pronunció en aquella misma tierra cuando oró por paz:
Si Dios es el Dios de la vida -y lo es- a nosotros no nos es lícito matar a los hermanos en su nombre.
Si Dios es el Dios de la paz -y lo es- a nosotros no nos es lícito hacer la guerra en su nombre.
Si Dios es el Dios del amor -y lo es- a nosotros no nos es lícito odiar a los hermanos.