
El corazón resiliente de Valentina
Una historia de esperanza y solidaridad que cruza fronteras
Valentina tiene diez años y forma parte del Programa de Hermanamientos Familiares – Apadrinamiento de OSCAR DE PERÚ. Es una niña alegre, participativa y con un especial interés por las actividades educativas y artísticas. Durante estos años ha participado en reforzamiento escolar, danza, música, teatro y otros espacios formativos que forman parte del acompañamiento que la institución brinda a niñas, niños y adolescentes de familias en situación de vulnerabilidad.
Su historia familiar, sin embargo, ha estado marcada por circunstancias muy difíciles. Cuando tenía apenas cinco años, su madre falleció a consecuencia de un cáncer. Su padre no vive con ella y, desde entonces, su cuidado ha sido asumido principalmente por una tía y por sus abuelos paternos, ambos de avanzada edad.
Dentro de este entorno familiar, su abuela Livia ha desempeñado un papel especialmente importante, acompañándola en su crecimiento y procurando que, pese a las limitaciones económicas de la familia, pueda continuar estudiando y participando en actividades que contribuyan a su desarrollo.
La familia reside en El Agustino, uno de los distritos de Lima donde OSCAR DE PERÚ desarrolla desde hace años su trabajo social. En los sectores donde intervenimos, muchas familias viven con ingresos reducidos e inestables, vinculados principalmente a actividades informales. Esta situación repercute en distintos ámbitos de la vida familiar: alimentación, educación, salud y posibilidades de acceder a servicios complementarios para sus hijos. A ello se suman problemas presentes en el entorno, como la inseguridad, distintas formas de violencia y la limitada disponibilidad de espacios seguros y accesibles para el desarrollo educativo, cultural y recreativo de niñas, niños y adolescentes.
En este contexto, el acompañamiento a la infancia requiere una mirada que vaya más allá de la atención de una necesidad puntual. Las dificultades económicas pueden afectar el rendimiento escolar, limitar la participación en actividades formativas y, en situaciones especialmente complejas, repercutir también en el bienestar emocional de los niños. Por ello, el Programa de Hermanamientos Familiares busca articular distintos servicios alrededor de cada niño y de su familia.
La vinculación de Valentina con OSCAR DE PERÚ tiene, además, una historia particular. Antes de que ella comenzara a participar en el programa, su abuela Livia ya conocía la institución. Durante años había asistido a actividades dirigidas a los adultos mayores de la comunidad, especialmente a talleres de tejido, macramé y manualidades.
Estos espacios no solo le permitieron aprender y compartir con otras personas, sino también conocer el trabajo que OSCAR DE PERÚ realizaba con las familias de la zona y los servicios destinados a la población apadrinada.
Cuando las circunstancias familiares cambiaron tras el fallecimiento de la madre de Valentina, ese vínculo previo permitió que Livia encontrara en la institución un espacio de apoyo para su nieta. De esta manera, Valentina comenzó progresivamente a incorporarse a diferentes actividades educativas, psicológicas, artísticas y recreativas.
Uno de los principales espacios ha sido el reforzamiento escolar. En familias que atraviesan condiciones económicas difíciles, los adultos responsables no siempre disponen de los recursos, el tiempo o las herramientas necesarias para acompañar permanentemente el proceso educativo de los niños. Por ello, el trabajo que se realiza no se limita al cumplimiento de las tareas escolares, sino que busca fortalecer hábitos de estudio, apoyar los aprendizajes y contribuir a que los niños desarrollen mayor confianza en sus propias capacidades.
En el caso de Valentina, este acompañamiento educativo se complementa con su participación en danza, música, teatro y otras actividades. Estos espacios cumplen una función importante dentro del programa porque amplían las oportunidades de desarrollo de los niños.
A través de ellos se fortalecen habilidades sociales, creatividad, disciplina, capacidad para trabajar con otros y formas positivas de utilización del tiempo libre. En contextos donde las alternativas educativas y recreativas son limitadas, disponer de espacios protegidos y organizados adquiere además un importante carácter preventivo.
El acompañamiento psicológico constituye otro componente fundamental. La experiencia de perder a la madre durante la primera infancia, como ocurrió con Valentina, evidencia la importancia de considerar el bienestar emocional como parte del desarrollo integral. Por ello, OSCAR DE PERÚ brinda espacios orientados al fortalecimiento de la autoestima, las habilidades socioemocionales, la comunicación y los vínculos familiares, incorporando también la orientación a los adultos responsables del cuidado de los niños.
Este enfoque permite comprender el sentido que OSCAR DE PERÚ atribuye al apadrinamiento. La ayuda material continúa siendo necesaria y relevante. El apoyo alimentario contribuye a reducir parte de la presión económica de hogares con recursos muy limitados, mientras que la entrega de útiles escolares favorece la continuidad educativa. Sin embargo, el Programa de Hermanamientos Familiares busca que estos apoyos formen parte de una intervención más amplia que incluye educación, psicología, nutrición, acompañamiento familiar, visitas domiciliarias y actividades formativas y recreativas.
La experiencia de Valentina permite observar de manera concreta este enfoque. El apoyo que recibe no se concentra exclusivamente en una carencia, sino en diferentes aspectos de su proceso de crecimiento. Se acompaña su educación, se generan oportunidades para desarrollar habilidades, se presta atención a su bienestar emocional y se mantiene un vínculo con las personas que tienen a su cargo su cuidado. La participación constante de su abuela Lidia ha sido fundamental dentro de este proceso.
Esta continuidad adquiere un significado especial si consideramos que Livia conoció OSCAR DE PERÚ como participante de los talleres para adultos mayores y que, años después, encontró en la misma institución diferentes servicios para acompañar el desarrollo de su nieta. Se trata de dos generaciones de una misma familia vinculadas a una propuesta que busca estar presente en diferentes momentos y necesidades de la vida familiar.
Nada de ello sería posible sin la colaboración que, desde España, sostiene el Programa de Hermanamientos Familiares. A través de Obra Máxima, la solidaridad de las familias que participan del apadrinamiento se convierte en servicios y oportunidades concretas para niñas y niños de comunidades vulnerables del Perú. Su aporte contribuye a sostener profesionales, actividades educativas, atención psicológica y nutricional, materiales, apoyo alimentario y diferentes acciones de acompañamiento familiar.
Por eso, el apadrinamiento representa mucho más que la transferencia de una ayuda entre dos lugares geográficamente distantes. Constituye una forma de corresponsabilidad y solidaridad que permite ampliar las oportunidades de niños cuyas familias, por sus condiciones económicas y sociales, difícilmente podrían acceder por sí solas a todos estos servicios.
A sus diez años, Valentina continúa creciendo junto a sus abuelos y, de manera muy especial, junto a su abuela Livia. La pérdida de su madre forma parte de su historia, al igual que las dificultades económicas que enfrenta su familia, pero ninguna de estas circunstancias resume quién es ella. Valentina continúa estudiando, participando, descubriendo capacidades y disfrutando de aquellos espacios que corresponden a cualquier niña de su edad.
Su historia representa también la de muchas otras niñas y niños que esperan oportunidades similares. Apadrinar no significa resolver todos los problemas de una familia; significa contribuir de manera sostenida para que las circunstancias en las que ha nacido un niño no determinen completamente las oportunidades que tendrá para desarrollarse.
En ese propósito se encuentran OSCAR DE PERÚ, Obra Máxima, las familias que actualmente hacen posible el programa y todas aquellas personas que decidan sumarse a esta cadena de solidaridad. Porque detrás de cada apadrinamiento existe una historia concreta, una familia y, como en el caso de Valentina, una niña con muchas razones para seguir creciendo, aprendiendo y mirando con esperanza hacia el futuro.

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