La Obra Máxima

DESOLACIÓN

Venezuela sufre un terremoto devastador

Fr. Daniel Rodríguez ocd

Queridos hermanos, escribo estas líneas para compartir cómo hemos vivido en la Orden, en Venezuela, estos acontecimientos tan impresionantes del doblete de los terremotos, el 24 de junio de 2026 a las 18:00h. aproximadamente.

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Nos hemos enterado de la forma más solemne, lo que quiere decir, que Venezuela es un país muy sísmico. Aunque crecimos con esa noticia y siempre lo habíamos escuchado, nunca te esperas que suceda en tu tiempo y menos con tanta fuerza. Dentro del mismo país, el terremoto se vivió en varios anillos. 

La zona 0 de la Guaira, que fue la que quedó más devastada, y que es la que más se ve en los medios. Las personas que conocemos que participaron directamente en la primera gran ola de ayudas tienen la marca del dolor, el asombro, la impotencia…, ante el gran caos y el haber sido manos al servicio del Señor en un momento tan transcendental.  

El segundo anillo en la zona de Caracas donde están nuestros frailes, monjas y seglares, a 27 Km de la Guaira. Aquí se sintió y se sufrió fuerte, pero no tan catastróficamente como la Guaira. Aquí también nuestros hermanos vivieron el horror y el sentirse morir, y las estructuras sufrieron importantes daños, pero muchas superaron la prueba. Casi todas las Iglesias importantes de Caracas y varias partes del país sufrieron daños significativos. También familiares de frailes y monjas han sido muy afectados con daños en sus viviendas. El papá y el hermano de un fraile nuestro han tenido que ser reubicados en las casas de otros familiares. El hermano de una monja nuestra, junto con su familia, ha tenido que salir de su casa gravemente afectada. 

Luego un anillo en la zona de Puerto Cabello a 220 Km de la Guaira, o Barquisimeto a 387 km, donde también se sintió muy fuerte, por estar cerca del epicentro, pero no fue tan fuerte como en la Guaira, o Caracas. Pero sin embargo hubo importantes daños.

Aquí la familia de un fraile no pudo salir del edificio por estar la mamá de nuestro fraile enferma. Y desde ahí han vivido las difíciles reparaciones que ha tocado hacer. 

Y el último anillo en nuestra comunidad de formación a más de 800 km de la zona 0, donde vivimos el terremoto por medio de las pantallas, pero con la angustia por comunicarnos con nuestros familiares y hermanos de la Orden en el país, y articulando diversas ayudas para los hermanos y hermanas. Y ahora nos encontramos con la dura situación cara a cara. 

La primera poetisa venezolana fue una carmelita descalza. Y precisamente, uno de sus poemas más importantes fue sobre el terremoto de 1812. Ella era Sor María Josefa de los Ángeles Paz y Castillo, unos 100 años antes, de la misma línea de la familia de la beata Madre Candelaria, Susana Paz y Castillo.

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A lo largo de los días han ido surgiendo relatos compartidos de familiares y conocidos que hace años vivieron otros terremotos que ha tenido nuestro país y que ya forman parte de las historias familiares de cada venezolano. Tal vez incluso de lo que ha formado nuestra manera de ser culturalmente. 

¿Cómo lo hemos vivido?

En principio lo hemos vivido con noticias retrasadas. Nos hemos ido enterando poco a poco y lentamente de todo lo que ha afectado. Al principio se fue la electricidad y las comunicaciones. Se perdió todo contacto, y no fue sino hasta tarde que se pudo saber de las comunidades. Esa noche nuestros hermanos, familiares y monjas de Caracas tuvieron que hacer vigilia en lugares seguros, ya que las edificaciones se habían vuelto amenazantes. 

Luego con los días, han comenzado a llegar las noticias de familiares, exalumnos y vecinos, y personas conocidas que fueron víctimas directamente de la tragedia. Dos parejas amigas de la hermana de un fraile se les vino el edificio mientras cenaban, a nuestro fraile le tocó hacer el funeral; si su hermana no hubiese vendido el apartamento años antes, tal vez, habría sido una víctima del terremoto. Una vecina del convento, exalumna de nuestro Colegio fue encontrada sin vida abrazando a su bebé, tras semanas de búsqueda. 

Una familiar de una carmelita seglar en el exterior, estaba desaparecida, se hicieron grandes esfuerzos con varios miembros de la Orden para ubicarla. La información estaba siendo recogida en un parque de Caracas, por voluntarios organizados por sus medios, con cuadernos escritos a mano, con turnos infinitos, haciendo lo que precariamente podían. Finalmente fue localizada sin vida en los últimos levantamientos. Ahora, a cuenta gotas, comienzan a llegar los nombres y los rostros de las personas cercanas fallecidas, que se han ido encontrando. Si bien los medios destacan la tragedia, la militarización, la politización del desastre, el heroísmo de los rescatistas…; hay un numinoso ambiente de ofrenda, donde junto al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, son presentados estos hermanos, cual víctimas mudas en esta misteriosa liturgia de la historia.

En medio de este silencio del misterio, inmediatamente responde toda la población nacional e internacionalmente. Desde el primer día la Iglesia está activa. Desde diferentes partes del país se mueve la población civil, sobre todo las redes universitarias, defensa civil, bomberos y Cáritas con la Iglesia y otras confesiones, haciendo centros de acopios y enviando camiones y personal de apoyo. A la vez que llegaba ayuda de todas partes del mundo. Desde el principio toda la vida religiosa ha estado muy activa. Nuestros frailes, haciendo enlaces y llevando insumos a las personas más necesitadas, nuestras monjas, aún en medios de las dificultades y reparaciones del monasterio, apoyando haciendo comidas para los afectados y respondiendo a diversas necesidades. 

El terremoto ha coincidido con momentos importantes de la Orden en el país, por lo que esta tragedia, se ha vivido también con sentimientos encontrados. Precisamente en estos días fue la ordenación de un hermano, en medio del duelo nacional. Una fiesta discreta, pero con sentido del valor trascendental de un sacerdocio en favor de un pueblo doliente.

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Y también ha tocado gestionar las dificultades migratorias de un hermano para ir a su noviciado. Los problemas del país en muchas partes no se han detenido. 

Como Orden hemos participado junto con toda la Vida Religiosa como un solo corazón. Desde el principio las casas religiosas también afectadas, acogieron pequeños grupos de familiares, que por relación directa fueron llegando. Actualmente todos los parques y campos deportivos en Caracas se han convertido en Campos de refugiados. Hoy se nos pide a la Vida Religiosa, apoyo para gestionar centros de acopio, y atender y acompañar en los campos de refugiados. Si algunos hermanos de la Orden quisieran venir a Venezuela, este sería un momento importante. Muchos de nuestros miembros se han involucrados en diferentes iniciativas y labores de ayuda a los afectados. Especialmente muchos médicos pertenecientes a los movimientos del carmelo han estado muy activos en diferentes labores, propias de sus áreas y agrupaciones. 

También en nuestras comunidades diversas iniciativas de oración y solidaridad, especialmente con los jóvenes del interior del país. 

Ya comienzan a emigrar las familias a diferentes ciudades del país, sin un destino al que llegar. Comienzan un largo itinerario sin rumbo, una carrera de larga duración. Nos toca estar ahí, con la esperanza y la mano tendida para cada hermano de estos, como centinelas de esperanza.

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