Durante el apartheid logró integrar sus salas de atención racialmente, adelantándose a la desregulación de los hospitales en 1990. En la actualidad, gestionado por el gobierno local, cuenta con más de 1.000 camas, atiende cada año unas 75.000 admisiones, y realiza más de 23.000 cirugías.
En los años 70 los Padres Blancos publicaban un periódico mensual, THE AFRIKAN, en el que ofrecían enseñanzas catequéticas y daban noticias tanto de la Iglesia universal como de la local; se imprimía en la imprenta de Likuni, Nyasalandia, hoy Malawi.
En una de esas antiguas páginas he encontrado esta noticia: «Un Padre Blanco, español de nacimiento, impresionado por tantas muertes de niños y adultos por falta de atención médica, ha decidido volver a su país y hacerse médico».
Años más tarde aquel joven misionero visitó Malawi y otras muchas naciones de África como: director nacional de la Organización de Médicos sin Fronteras e introdujo toda clase programas sanitarios y consiguió abastecer con abundancia de medicinas a muchos hospitales y dispensarios.
Sanidad durante el período colonial
La contribución de los Misioneros –y en particular de las Misioneras– a la sanidad en nuestro continente ha sido fundamental desde finales del siglo XIX y durante todo el siglo XX. Fueron pioneros y establecieron las bases de las redes hospitalarias liderando importantes programas para el control y tratamiento de enfermedades endémicas como la lepra, la enfermedad del sueño, la tuberculosis y la malaria. Los Misioneros/as, durante más de 50 años, brindaron atención médica gratuita o de bajo coste a las poblaciones más desplazadas y marginadas del continente.
Establecieron, también, las primeras escuelas de enfermería capacitando a profesionales autóctonos y creando las bases de sistemas de salud comunitarios. Introdujeron, asimismo, programas de vacunación y mejora de nutrición materno-infantil.
La Iglesia Católica ha sido el mayor proveedor no gubernamental de sanidad en la región subsahariana del continente. Gestiona miles de clínicas y hospitales y su presencia es vital en áreas rurales y marginadas.
A lo largo y ancho del continente queda evidencia de esta labor misionera. Sus pequeños dispensarios son hoy los hospitales más conocidos: Kijabe Hospital, a 60 kilómetros de Nairobi, en uno de los más reconocidos en toda África Oriental por su excelencia en cirugía ortopédica y neurocirugía. Kibuye Hospital, en Burundi, es el centro de formación más conocido de médicos locales, apoyado hoy por organizaciones internacionales. Saint Joseph Hospital, en Zambia, reconocido por el gobierno, ha reducido la mortalidad en toda la región. Otros antiguos centros sanitarios que siguen muy vivos son: Bautista Mbingo Hospital en Camerún, el CMCK Hospital en Buyumbura, y los hospitales de Mzuzu, Madisi y Likuni en Malawi.
Esta ingente labor sanitaria no es un logro individual sino el esfuerzo de Órdenes y Congregaciones religiosas, que a través de cientos de años, han salvado la vida de miles y miles de niños y adultos africanos transformando profundamente la sanidad en cada país del continente.
Nuestros sistemas de salud a día de hoy
Nuestros sistemas de salud actuales se han estructurado sobre tres pilares: gestión pública por parte de los gobiernos de cada país, iniciativas misioneras u hospitales privados sin ánimo de lucro y organizaciones internacionales. El rol de los Misioneros/as es hoy en día gestionar principalmente la atención sanitaria referente a maternidad, desnutrición y enfermedades infecciosas (VIH, malaria y ébola). El 40% de las necesidades médicas en las áreas rurales siguen atendidas por organizaciones religiosas – misioneras.
Los Misioneros/as comparten las culturas locales de nuestro pueblo: su conocimiento de los idiomas y su adaptación a las costumbres locales han resultado vitales para implementar campañas de salud pública, protocolos de higiene y vencer barreras culturales frente a vacunas y otros tratamientos.
Durante la pandemia del COVID-19 (años 2020 al 2025) y en los momentos más críticos de los muchos brotes del ébola los Misioneros/as operaron clínicas móviles para llegar a poblaciones sin acceso a hospitales. Mantuvieron también abiertos hospitales, clínicas y centros de aislamiento cuando otras organizaciones se retiraban por el enorme peligro de contagio. Su presencia y trabajo directos con los enfermos frenaron infinidad de contagios y brindaron refugio emocional a los sectores más desprotegidos de la sociedad.
Hoy, en el siglo XXI, el mundo es mucho más complejo de lo que era hace unas pocas décadas. Esto significa que jóvenes cristianos que buscan ahora seguir los pasos de los médicos misioneros descubran con dolor que aquel modelo tradicional de sanidad no se adapta a actuales sistemas sanitarios de muchos países del continente. Lo que hoy se exige son profesionales de la salud, bien equipados con habilidades avanzadas, que sean también seguidores comprometidos del Evangelio.
Quedan, sin embargo, países como Malawi (donde apenas hay 15 oftalmólogos para más de 21 millones de personas) en los que las organizaciones religiosas y humanitarias siguen cubriendo la escasez de personal médico.










