La Obra Máxima

Entrevistamos al P. Gabriel Romanelli

Párroco de Gaza

Redacción LOM

Con profundo dolor estamos siguiendo las noticias que nos llegan desde Gaza, especialmente la situación que están viviendo lo más indefensos, los niños y los ancianos que nada tienen que ver, como bien sabemos, con actos terroristas. Existe una crisis humanitaria y LOM ha querido acercarse a la parroquia de Gaza para que su párroco, el P. Gabriel Romanelli, nos acerque, con veracidad, a la realidad que nos ocupa.

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P. Gabriel, todo el modo está impactado por la situación que está viviendo Gaza. Hay una destrucción enorme de la zona. ¿Cómo estáis en estos momentos?

La situación es, verdaderamente, dramática. La mayor parte de la ciudad y de toda la Franja de Gaza está triturada. Hay barrios completos que han desaparecido. Nosotros, gracias a Dios, estamos bien. Es decir, estamos bien en general, como se puede estar en un lugar de guerra y en tiempos de guerra.

La comunidad cristiana ha perdido muchos miembros. Numéricamente hablando, éramos muy pocos. Al 6 de octubre de 2023, todos los cristianos de Gaza, ortodoxos y católicos, éramos 1017 personas. Durante los días terribles de bombardeos y estando aún las fronteras abiertas –ahora hace más de un año que están completamente cerradas–, algunos cristianos partieron, para refugiarse en Egipto temporalmente o quienes tenían doble pasaporte o un visado lo hicieron para otros lugares.

Además, desgraciadamente, hemos perdido más del 5% de la comunidad cristiana por fallecimiento. En lo que va de la guerra, 54 cristianos han muerto. 20 de los cuales asesinados por bombardeo o francotiradores de la IDF. No hay familia que no llore un muerto, o un herido.

La mayor parte de las casas de la comunidad cristiana, como del resto de la población, han sido completamente destruidas. Escuelas, hospitales, lugares de trabajo y esparcimiento, todo está o dañado o, directamente, destruido. Será muy difícil la post guerra…

Conocemos bien en Medio Oriente que cualquier chispa es suficiente para estallar en un conflicto armado. Es una tierra donde, en pequeños países, conviven distintas religiones, sensibilidades, algunos en comunión y otros en tensión.

La comunidad internacional ha pedido a todas las partes implicadas en este conflicto concreto que estáis viviendo que paren las armas para poder dialogar y buscar la paz. 

¿Por qué resulta, en su opinión, tan difícil este camino o proceso de paz en Oriente Medio?

No soy analista político ni analista militar, pero, es algo de buen sentido común que quien tiene poder, para iniciar la guerra, tiene poder y deber para detenerla. No hay que dejar vencerse por la lógica inhumana de destruir al otro como solución para solucionar conflictos.

Hay mucho odio en la Región. Y, lo que la gente de a pie dice aquí, hay también mucha inactividad internacional en orden a la justicia, a la reconciliación y a la paz. La gente aquí dice «en 12 días, y estamos contentos, han podido frenar la guerra entre Israel e irán, ¿y después de 648 días solamente están hablando de llegar a un alto el fuego?».

Quienes tienen derecho y deber a nivel internacional de preservar los verdaderos derechos humanos: derecho a la vida de todo y cada ser humano; derecho a vivir en su tierra, a ser tratado con respeto, a proveerle de sus necesidades y a no privarlos de sus bienes, etc. etc. debe hacer TODO lo que esté a su alcance y sea éticamente lícito para hacer valer esos derechos. Todo ser humano, israelí o palestino, judío, cristiano, musulmán o ateo, todo y cada ser humano tiene derechos. No hay seres humanos con mas derechos que otros, ni seres humanos que valgan más que otros.

Habrá que esperar mucho tiempo para que se sanen las heridas de este conflicto. Habrá que formar una nueva generación de personas de Paz, de donde surja un nuevo grupo de líderes con otra visión. Pero, mientras eso no llegue, hay que comenzar con terminar esta guerra. Y dejar entrar todo lo que la gente necesita. TODO. «Tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber».

En estos últimos años, parecía que las dos partes implicadas en este conflicto vivían en una relativa convivencia pacífica, aunque hemos podido observar distintos atentados en los dos territorios. ¿Cómo recuerda aquellos primeros días de esta guerra desde ese terrible 7 de octubre en donde Hamas entró en Israel y secuestró y mató unas 1.200 personas?

Todos estos años los muertos, las guerras, la destrucción, etc., desgraciadamente, no han parado de aumentar. A la terrible cifra de aquel 7 de octubre, hay que sumar la tristísima cifra de, al menos, 58.000 muertos en Gaza, entre los cuales se cuentan, al menos, más de 17.000 niños asesinados. Y más de 134.000 heridos.

Ese día 7 de octubre me encontraba en Belén esperando unas medicinas para una religiosa de Gaza. No entendimos nada de lo que estaba pasando. Al día siguiente, domingo 8 de octubre a las 7 de la mañana tenía que regresar a la Franja –no olvidemos que hace años que es extremadamente difícil salir y entrar de allí– con las medicinas. Se cerraron las fronteras y no me fue permitido reunirme con mi feligresía hasta mayo de 2024, que aprovechando la visita del Patriarca me permitieron el regreso. Desde ese momento no me he movido de aquí. 

No solemos dejar nunca la misión sin sacerdote, ni por un minuto. Gracias a esto, Abuna Iusuf, el Padre Vicario de la parroquia, y que pertenece a la misma Congregación IVE, estuvo toda la primera parte de la guerra asistiendo, en el lugar, a la comunidad de refugiados. 

Desde mayo, está conmigo el P. Carlos Ferrero, actual provincial IVE para Medio Oriente, y trabajamos juntos con dos Hermanas SSVM, María Emperatriz de América y María de las Maravillas de Jesús. Así como junto a tres misioneras de la Caridad de la Madre Teresa: las Hermanas Zoy; María Goretti y Jousitta.

La intensidad de los cohetes lanzados desde la Franja el 7 de octubre tuvieron como respuesta unos bombardeos constantes desde el aire, el agua y la tierra sin precedentes de parte de las IDF. La mayor parte de la población de la ciudad de Gaza y de todo el Norte, más de un millón de personas, fueron desplazadas a lo que se dio en llamar el Sur.

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Después de unos meses, la gran parte, retornó al Norte. En toda la Franja vivimos unas 2.300.000 personas. Los altibajos de ánimos y de las necesidades básicas se experimentaron desde el inicio.

Tuvimos, incluso dentro de nuestra Parroquia-Oasis-Refugio de la Sagrada Familia de Gaza, muchos enfermos y heridos. Siguen viviendo con nosotros unas 500 personas. 

Ellos son la mayor parte de la comunidad cristiana, ortodoxos y católicos, y unos 50 niños y personas con necesidad especiales de religión musulmana. Son personas postradas que viven con las Hermanas de Madre Teresa desde antes de esta guerra.

Ha habido días de hambre y todo, absolutamente todo, faltaba. Especialmente desde finales del 2023 e inicio del 2024.

Durante el Alto el fuego de hace unos meses, e incluso en los meses anteriores, gracias a nuestra diócesis del Patriarcado Latino de Jerusalén y por expresa voluntad y ayuda del Patriarca, el Cardenal Pierbattista Pizzaballa, pudimos ayudar a decenas de miles de familias de civiles que viven en la ciudad de Gaza. Hace tres meses que no podemos llevar a cabo ese servicio ya que no está permitido el acceso de la ayuda humanitaria. «Tratar a los demás como queréis que os traten a vosotros».

Usted es párroco de Gaza. Ha vivido con intensidad y sufrimiento estos meses. ¿Cuál ha sido la actitud de la comunidad cristiana, pequeña pero testimonial, en estos meses?

Los cristianos de Tierra Santa y de todo Oriente Medio son un ejemplo de fortaleza en la Fe. Siempre lo han sido y continúan siéndolo en estos momentos de tanto dolor e injusticia inhumana.

Cuando las autoridades militares les pidieron irse al Sur, ellos los cristianos de Gaza, dijeron: «no hay en toda la Franja de Gaza un lugar más seguro que otro, nos vamos a lo de Jesús». Y así vinieron a la Iglesia. 

No es un lugar grande, hay gente durmiendo por todos los lados. Familias enteras de 10 o 15 miembros duermen en el suelo de un aula de la escuela, otros en los rellanos de la escalera, hay quien duerme en el templo, hay quien en mi despacho o en el archivo de la parroquia… Toda la parroquia está repleta de personas. 

Nos hemos organizados con comisiones de emergencia para servir mejor a todos: grupo de vigilancia, de aseo, de cocina central, de salud, grupo de Oratorio (es decir, de actividades espirituales, formativas y lúdicas, para niños y jóvenes), grupo encargado de obtención y purificación de agua, grupo de los hornos, etc. 

El centro de nuestra vida aquí es la Fe. Por eso estamos en la Iglesia. Comenzamos con la hora de Adoración cotidiana en silencio delante del Santísimo Sacramento a las 7AM, luego, a las 8Am Laudes en árabe y Bendición eucarística. Luego, cada uno va, siempre dentro del predio de la parroquia-refugio, a sus quehaceres: visitas de ancianos y enfermos, limpieza, clases y actividades culturales, etc. Por la tarde se reza en Rosario comunitario y la Misa cotidiana con su homilía. Luego el Oratorio de niños y jóvenes y los grupos de Biblia y formación católica para familias y ancianos, junto con juegos grupales y recreación. A las 10PM se reza la oración de la noche con los jóvenes y, antes de ello, juegos.

El dolor es enorme pero la Fe nos asegura que, no obstante que los pecados cometidos durante la guerra No son Voluntad de Dios, «todo coopera para el bien de los que aman a Dios» (Rom 8, 28). Todo, quiere decir eso, TODO, «incluso el pecado» llega a decir San Agustín. Es la única visión que nos da paz, serenidad y, misteriosamente, gozo profundo en medio de tanto sufrimiento. Es nuestro Getsemaní esta guerra y nuestro Calvario. Ha de ser para Gloria de Dios, por el perdón de nuestras culpas y la Salvación de tantos.

Conocemos que el Papa Francisco estuvo muy cerca de ustedes haciéndose presente prácticamente todos los días. Han sentido muy de cerca el apoyo de la comunidad cristiana universal.

La actitud del Papa Francisco fue súper extraordinaria. Nos llamó todos los días. Fueron pocos los días que no pudo hacerlo. Él estuvo siempre ocupado y preocupado por ver cómo podía ayudar a la finalización de este conflicto.

El Papa Francisco llamaba a las 8pm -hora de Palestina- y hablar con él era un bálsamo para todos nosotros, religiosos y refugiados. A través suyo hemos sentido la cercanía de la Iglesia y de todos los cristianos del mundo. Así como de innumerables hombres y mujeres de buena voluntad que, a lo largo y ancho del mundo, desean, hablan y trabajan por la paz.

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En estos conflictos, siempre suceden testimonios que a ustedes les queda muy marcado. ¿Puedes compartirnos algunos testimonios que recuerde de manera especial?

Son muchos los testimonios, aunque, a decir verdad, como la guerra sigue su intensidad y su curso, con cada bombardeo… es como que la memoria va perdiendo su capacidad de retenerlos… «sería mejor morir» me dijo una niña de 12 años. Varios niños me dijeron en diversas oportunidades: «quiero ver a mis amigos, volver a mi casa y a mi escuela…» varios de ellos… ya no tienen esos amigos, porque emigraron o murieron, no tienen casa porque o fueron desplazados o la perdieron, no tienen escuela…

Otras anécdotas nos hablan que, a pesar de todos los pesares, la gente, no obstante que muchas veces están deprimidos y agotados, no pierden el sentido del humor. Reír hace bien. Pero hacerlo en circunstancias extraordinarias es heroico. La gente ha desarrollado un montón de cosas ingeniosas para la supervivencia. «¡Alegraos en el Señor, otra vez os lo repito, Alegraos!»

Siempre intento subrayar que estos países donde conviven distintas religiones el diálogo y el respeto, suele estar muy presente. La convivencia entre distintos grupos suele ser un testimonio importante para el mundo. ¿Cómo viven esta convivencia entre los distintos grupos?

El diálogo interreligioso tiene, como uno de sus presupuestos, el diálogo de vida, es decir, el convivir con personas distintas. Y, en lo que a uno respecta, hacerlo en paz y concordia. 

No es fácil esto ni en Oriente Medio ni en cualquier parte del mundo. Como católicos que somos amamos a todos y tratamos de ser buenos vecinos ayudando, particularmente, a los pobres y necesitados y, todo esto, por Amor de Jesús y de María. Y rezamos por todos. «Para que viendo vuestras buenas obras glorifiquen a vuestro Padre».

Siempre pido a nuestros entrevistados, unas últimas palabras para que puedan dirigir a toda la Familia Carmelitana.

Vosotros sois Carmelitas. ¡Qué honor! ¡Y qué responsabilidad! En un mundo, como el actual, que, o desconoce a Cristo o, directamente, lo odia. ¿Qué hacer? Comenzar por las pequeñas cosas ya que «quien es en lo poco es fiel en lo mucho». Ser fiel a la Fe, a la doctrina de la Fe y de la Moral católicas y a vivir esa fe con fidelidad a la vocación específica. 

Tenéis el ejemplo y la ayuda de vuestros titanes del Evangelio: San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús, Santa Teresita y Santa Isabel de la Trinidad, vuestros Santos Mártires Carmelitas de un montón de lugares y Santa Teresa de los Andes. «Donde no haya Caridad sembrad Caridad y cosechareis Caridad». Eso lo podéis, y debéis hacer, en donde sea. En mis 37 años de vida religiosa está máxima ha sido un faro de apostolado y vida comunitaria. ¡Y siempre ha dado y da resultado! 

Que nuestra Señora del Carmen sea vuestro refugio y fortaleza para que continuéis sirviendo a Cristo en Su Iglesia con simplicidad, fidelidad y alegría.

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