Se añade a todo esto el problema del vacío de gobierno en el Líbano, pues Hezbollah obstaculiza desde hace ya dos años la elección de un presidente de la república y la consecuente formación de un gobierno.
Esta ausencia de gobierno ha permitido a Hezbollah ser el dueño de todo el país, implicándonos en un nuevo conflicto armado con Israel, que comenzó en octubre de 2023, en la frontera sur del Líbano con esporádicos intercambios de fuego entre Hezbollah e Israel, en coincidencia del conflicto entre Israel y Hamas en Gaza.
Ahora, un año después, con el atentado de las explosiones de los «beepers y walkie-talkies», cambiaron las reglas del juego, empezando los intensos bombardeos, los asesinatos de muchos jefes de Hezbollah y la invasión del sur.
En cuanto a los frailes y hermanas están bien. Nuestras hermanas de Harissa están construyendo un monasterio nuevo en el sur y parece que hay bombardeos ahí, en Kawzah. En Hazmieh y Maaysrah han sufrido muchos bombarderos, es imposible a veces dormir por la noche, pero los daños están más en la zona donde hay miembros de las milicias chiita.
Apenas empezado el año escolástico estalló la guerra. En el momento actual estamos volviendo a las escuelas, pero no en todas las regiones, teniendo solo a veces la posibilidad de seguir cursos online. El ministro de educación nos ha sorprendido con la decisión que él no va a abrir las escuelas públicas, porque están llenas de refugiados, y si las escuelas privadas, como las de la Iglesia, quieren enseñar, es bajo su propia responsabilidad, ¡y no la del gobierno!
Nuestros religiosos estudiantes continúan formándose con algunos cursos presenciales y otros online.
En resumen, tenemos la esperanza que esta situación va a terminar un día, pero no sabemos hasta cuándo. Toda la población del Sur esta desplazada, algunos viven por la calle. Pienso a veces, cómo van a hacer en el invierno, que está ya a la puerta. Cada día, hay más gente que pierde su casa, y necesitan refugio, comida, medicina, todo. Estamos ayudando con lo que podemos, pero es muy poco respecto al número de libaneses refugiados que supera 1.200.000 personas.
Los refugiados han encontrado acogida en la mayoría de pueblos cristianos, que se encuentran en una disyuntiva: por una parte, se ponen así en peligro de ser bombardeados y al mismo tiempo se enfrentan con la dificultad moral de dejarles por la calle.
En la Orden, como todo los religiosos y religiosas, intentamos ofrecer cercanía y esperanza a la población, en particular a los refugiados que buscan una buena palabra de esperanza…
Nuestros colegios (tenemos tres en el norte) han decidido abrir sus puertas y llevar adelante la educación de los niños y jóvenes. Muchos de los colegios públicos del gobierno han sido transformados en lugares de acogida y «viviendas» para refugiados, lo que forma una crisis educativa, porque los alumnos de estos colegios no tienen muchas oportunidades para llevar adelante su educación…
Concluyo, esperando ser un mensaje de paz y amor y reconciliación. Gracias.






