
ENFERMOS TERMINALES
Oremos para que los enfermos terminales y sus familias reciban siempre los cuidados y el acompañamiento necesarios, tanto desde el punto de vista médico como humano.
La preocupación por los enfermos y más concretamente por los enfermos terminales, es una constante de la Iglesia; y también de la sociedad civil, a través de sus instituciones sanitarias.
Son frecuentes las intervenciones de los Papas alentando esta preocupación, particularmente en los mensajes de la Jornada mundial del enfermo, que se celebra el 11 de febrero, coincidiendo con la memoria litúrgica de la Virgen de Lourdes.
Aquí nos hacemos eco de dos mensajes: Benedicto XVI (20.01.2007) y el papa Francisco (20.01.2023), resumiendo libremente algunos párrafos más significativos. Son como diez claves de interpretación.
La enfermedad tiene muchos rostros: Hace más de treinta años Juan Pablo II instituyó la Jornada mundial del enfermo para sensibilizar al pueblo de Dios, a las instituciones sanitarias católicas y a la sociedad civil sobre la necesidad de asistir a los enfermos y a quienes los cuidan. Esta Jornada se celebra cada año en países distintos, para mostrar la diversidad de las enfermedades y las causas que las originan: pobreza, falta de alimentos y de recursos sanitarios, catástrofes naturales.
Muchos millones de personas en el mundo viven aún en condiciones insalubres y no tienen acceso a los recursos médicos necesarios, aumentado así notablemente el número de seres humanos considerados «incurables».
Atención y acogida: La primera atención a los enfermos es la acogida afectuosa, de manera que avive en ellos la esperanza de sanación, con la atención médica de las instituciones sanitarias y de las comunidades de acompañamiento.
Es necesario apoyar los esfuerzos de quienes trabajan diariamente para garantizar que los enfermos incurables y en fase terminal, juntamente con sus familias, reciban una asistencia adecuada y afectuosa.
Los enfermos incurables: La Iglesia vuelve sus ojos a quienes sufren y llama la atención hacia los enfermos incurables, muchos de los cuales están muriendo a causa de enfermedades terminales. Se encuentran presentes en todos los continentes, particularmente en los lugares donde la pobreza y las privaciones causan miseria y dolor inmensos.
Los avances de la ciencia no son suficientes: A pesar de los avances de la ciencia, no se puede encontrar una curación para todas las enfermedades; por consiguiente, en los hospitales, en los hospicios y en los hogares de todo el mundo nos encontramos con el sufrimiento de numerosos hermanos nuestros enfermos incurables y a menudo en fase terminal.
Políticas de asistencia. Es necesario promover políticas que creen condiciones que permitan a las personas sobrellevar incluso las enfermedades incurables; destacar una vez más la necesidad de aumentar el número de los centros de cuidados paliativos que proporcionen una atención integral, ofreciendo a los enfermos la asistencia humana y el acompañamiento espiritual que necesitan. Se trata de un derecho que pertenece a todo ser humano y que todos debemos comprometernos a defender.
La Iglesia samaritana: La Iglesia, siguiendo el ejemplo del buen samaritano, ha mostrado siempre una solicitud particular por los enfermos. A través de cada uno de sus miembros y de sus instituciones, sigue estando al lado de los que sufren y de los enfermos terminales, tratando de preservar su dignidad en todos los momentos de la existencia humana. Muchas de esas personas -profesionales de la asistencia sanitaria, agentes pastorales y voluntarios- e instituciones en todo el mundo sirven incansablemente a los enfermos, en hospitales y en unidades de cuidados paliativos.
Fecundidad del sufrimiento: La solicitud por el los enfermos incurables y terminales debe ir acompañada de una invitación a contemplar los sufrimientos de Cristo crucificado, y en unión con él dirigirse al Padre con plena confianza en que toda vida está en sus manos. Estos sufrimientos, unidos a los de Cristo, resultarán fecundos para las necesidades de la Iglesia y del mundo.
A través de los sacerdotes y de los agentes pastorales, la Iglesia quiere estar a su lado, haciendo presente la misericordia amorosa de Cristo hacia los que sufren, alimentando su fe, acercándolos al Padre de la vida.
Cuidados paliativos: Los cuidados paliativos para los enfermos terminales, además de ofrecer el cuidado médico al paciente, le abre la puerta a la esperanza, que hay que mantener viva en el contexto socio-cultural actual, en que se está progresivamente erosionando la conciencia respecto a aquello que hace preciosa la vida humana. Vida humana que, con frecuencia, es evaluada en función de su eficiencia y utilidad, hasta el punto de considerar vidas descartadas o vidas indignas aquellas que no responden a criterios de eficiencia (30.01.2020).
La prioridad de la política: La política debe dar prioridad a las necesidades esenciales de los ciudadanos, a menudo descuidados en favor de temas de moda que tienen menos que ver con su vida cotidiana. Misión especial tienen los hospitales especializados en cuidados paliativos, donde los enfermos terminales son acompañados con un cualificado apoyo médico, psicológico y espiritual, para que puedan vivir con dignidad, confortados por la cercanía de sus seres queridos, la fase final de sus vidas terrenales.
No al descarte y a la eutanasia: Hay que acompañar la vida hasta su fin natural y no dejarnos atrapar por la cultura del descarte. Los operadores por su naturaleza tienen la vocación de proporcionar cuidados y alivio, ya que no siempre pueden curar, ¡pero no podemos pedir a los operadores que maten a sus pacientes! Sería inhumano. Una sociedad merece la calificación de ‹civil› si desarrolla anticuerpos contra la cultura del descarte; si reconoce el valor intangible de la vida humana.
Concluyendo, la atención a los enfermos terminales no sólo sensibiliza nuestras conciencias, sino que nos ayuda a descubrir el valor de la vida humana; debido a su destino eterno, conserva todo su valor y toda su dignidad en cualquier condición.

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