Cien años recorridos, uno a uno, con el cuidado y la entrega de otros muchos religiosos carmelitas descalzos, y demás colaboradores religiosos y seglares, que han dado de sí tantos buenos frutos al sueño inicial del P. Juan Vicente.
Al cumplirse los cien años, es hora, pues, de bendecir a Dios por todo ello. Todo es obra de su Espíritu: el sueño y la realización. Le bendecimos, pues, por todo el bien, por tanta bendición como ha derramado en sus hijos necesitados a través del servicio realizado en los años a través de esta iniciativa. Podemos estar bien seguros de que, de conocer una a una todas esas bendiciones hechas realidad a través de La Obra Máxima en casi todos los rincones del mundo, quedaríamos tan fuertemente impresionados que aplaudiríamos de corazón a todos aquellos que lo han hecho posible.
Al primero de todos a Dios, puesto que, como señalábamos antes, todo se debe en primer lugar a Él, que por medio de su Espíritu mueve los hilos de la historia y se las arregla de este modo para que sus planes de salvación se vayan realizando entre los hombres, entre los pobres, entre los más necesitados. Ha tocado corazones, ha llamado a muchas puertas, ha suscitado generosidad en la respuesta, ha hecho, en fin, posible esta bendición.
Nuestro aplauso y agradecimiento va también para todos los colaboradores que a lo largo de estos cien años ha tenido la revista. Ahí están sus impulsores, sus directores, sus administradores, sus redactores, aquellos que han aportado sus artículos, y el resto de los trabajadores. Han sido y son los colaboradores necesarios en la obra de Dios. Que el Señor compense con creces su buen hacer.
Cordial y especial agradecimiento también a los suscriptores y lectores, a todos ellos sin dejar uno. Sin ellos, sin vosotros, esta revista no hubiera tenido sentido y hubiera desaparecido sin llegar a cumplir los cien años. Y con ella, hubieran quedado sin solución tantos y tantos problemas atendidos. Porque, en este sentido, sois vosotros, suscriptores y lectores, los auténticos protagonistas de este lado del sueño del P. Juan Vicente. Vuestras aportaciones, vuestras ayudas, vuestra oración, vuestra generosidad han sido la materialización del mismo.












